El estrés es
contagioso?
Ayer regrese de unas
cortas vacaciones en una pequeña ciudad a orillas del rio Magdalena;
sus calles empedradas y casas coloniales nos transportan en el tiempo
a épocas olvidadas en donde aquella ciudad era el centro del
comercio y la llegada de barcos de vapor con mercancías y toda clase
de artículos que se traían al interior del país.
La suave brisa y la
modorra del medio día invitan a hacer la siesta. Un delicioso
salpicon o una avena helada calman la sed y menguan el calor cuando
el sol esta en su punto mas alto. Todos los movimientos se vuelven
lentos, las tiendas cierran sus puertas y el silencio lo envuelve
todo, pero la dicha no es eterna y lo bueno dura poco.
Espero que estas
hermosas ciudades y pueblos de nuestra bella patria no se contagien
del estrés y el afán que hoy son el diario vivir de muchos de
nosotros.

